Donde el autor se compromete a publicar lo que pueda producir durante 15 minutos (y solo 15 minutos) cada día
10/11/20
El chino y la Serie Rosa
9/11/20
LA JUVENTUD POPULAR
Ellos pensaban que uno era un infiltrado. Esa noche se reunía la célula de Juventud Popular, como siempre, en una oficina frente a la Plaza San Martín, exactamente sobre el Embassy. Ya había participado de varias actividades como el pegado de carteles a medianoche, tocar el bombo en las marchas contra la dictadura, llevar la bandera del movimiento en esas mismas manifestaciones, ir a recolectar firmas al jirón de la Unión por toda una tarde.
Esa noche, había llegado demasiado temprano a la plaza. En uno de los portales había una librería y allí entró a entretenerse. Pero era una librería triste, los libros empolvados eran nuevos que parecían de segunda mano. Hojeó algunos sin mayor referencia y terminó por comprarse La Ciudad y Los Perros de la editorial Peisa. Se lo dieron en una bolsa de papel, pagó y partió hacia la reunión. Allí estaban las mismas caras de días pasados. Fueron dos horas bastante aburridas. Jóvenes de izquierda tratando de articular opiniones que ya habían recibido prefabricadas y compitiendo entre sí por colocar el adjetivo más agresivo sobre los enemigos fujimoristas en aquel entonces. Todo iba bien, escuchando lo que decían y queriendo irse pronto pues ya sabía en qué terminaría todo. La bolsa de papel, el libro dentro, descansaban en su regazo.
Se acercó uno de los líderes, Carlos, mientras algún otro de los presentes le decía “bufón de la dictadura” a Valle Riestra. Carlos sentado a su lado, le preguntó qué llevaba en la bolsa. Un libro, le dijo. “A ver, préstamelo”, y él lo sacó de la bolsa y se lo entregó sonriente, ingenuo, pensando en un genuino interés literario. “¿Vargas Llosa?”, le dijo, “ese es como Bayly, ¿no?” Y él lo miró extrañado. No, simplemente dijo. El joven volvió a decirle bufón a Valle Riestra.
El libro le fue devuelto y Carlos se alejó de él.
Pero no fue hasta la intervención de Martin, otro de los
líderes, que entendió lo que estaba sucediendo. “Acá los soplones han venido a
chambear con nosotros. Han salido a marchar con sus zapatillas de marca y han
pegado afiches”. Se reía orgulloso y evitaba con evidencia intencional, mirar a
uno. Esa fue la última vez que colaboró con la resistencia. En la siguiente
reunión se deben haber felicitado de haber desenmascarado y descubierto a
tiempo a ese agente del SIN que para esas horas seguro se sentaba en una banca
de la Plaza Mayor, sin saber qué hacer y con algún otro libro en la mano, más que seguro, no ha leído hasta el día de hoy.
8/11/20
Baby, it's you
Uno escucha una canción y no puede dejar de repetirla. Se pasa el día cantándola por los cuartos, en el baño, mientras lee, mientras come, en voz alta, en susurros, la tararea. La escucha en la voz de las Shirelles, de los Carpenters, de Smith, en versión Glee.
Hoy es esa, mañana cuál será.
6/11/20
LOS 15 MINUTOS
Siendo las 10:58, escribiré hasta las 11:13 como lo planeé hace casi diez años. Como lo hice por varias semanas entonces y luego apenas esporádicamente. Lo haré hoy y lo seguiré haciendo cada día y quizás alguna vez nuevamente dejaré de hacerlo. Pero esta noche me siento en esta incómoda silla giratoria y me enfrento a la ballena blanca.
Ha sido una década larga que se acaba en pocos días.
Una década de vivir con ella que es infinita. E infinita e infinita e
infinita… De conocer a dos locos bajitos que me malcrían y me enseñan lo que
debe ser la vida. De entender a esos dos viejos que me cobijaron desde que nací
y a quienes me quiero seguir pareciendo. De aprender a treparme en cuatro
ruedas y cantar a todo volumen por el tráfico de mi ciudad. De llevar mi
distracción a todos lados en el bolsillo derecho. De aprender a odiar a todos
los políticos. De vivir la clasificación a un mundial. De reencontrarme con la
última vocal. De amar el mercado de mi casa. De maltratar al piano. De enseñar
aunque no quieran y aunque a veces sea yo el que no quiera. De jugar al fútbol
sobre pasto falso y también de correr y correr cada vez más lentamente por
asfaltos grises. De jugar con legos. De no leer lo que debo ni lo que quiero.
De escribir sin constancia. De descubrir San Juan y Puerto Supe. De volver a la
cuadra 3 de Yungay aunque solo fuera un ratito. De perseguir la pelota
nuevamente en el Humboldt. De ir al estadio para ver a un beatle y cantar. De
ese amigo que resultó que se había vuelto escritor. De los Topojuegos. De los
viajes… Y de este 2020 de Covid, miedo y resurrección.
11:13
15 minutos.
5/5/20
LOS BITLES
Un cassette de 90 minutos llegó desde muy lejos. Francia, para ser más exactos. Traía música variada. Se lo enviaba a Viviana una desconocida amiga que tenía el hábito de cartearse con gente de todo el mundo. En uno de esos intercambios, llegó el cassette a la misma casa donde estaba la grabadora negra.
Eran un disco rojo y otro azul que llegaron prestados por alguien de la Unesco o algo así. Mientras pelaba arvejas en el sofá de la casa, Javier los escuchaba a todo volumen. En algún momento, Javier debe haber pensado que era mejor oír los discos en un cassette. El disco rojo (que era doble) supo caber en 90 minutos.
Una tarde, esa grabadora se unió a ese cassette y la música de esos discos rojos fue brotando desde un solitario parlante.
Sigue haciéndolo hasta hoy.